Esta semana, los días 4 y 6 de febrero, las familias de Raquel y Karla han recordado con tristeza lo que les ocurrió a sus hijas hace tres años, cuando confiando en el correcto funcionamiento del sistema de salud pública, vacunaron a sus hijas contra el virus del papiloma humano.
Con el tiempo, supieron que no habían sido las primeras en padecer efectos adversos graves tras la administración del medicamento. Otras niñas estaban ya sufriendo un calvario similar. Sin embargo, no saltaron las alarmas que hubieran evitado que se produjeran otros casos.
Tampoco la gravedad de los casos de Raquel y Karla fue suficiente para que la sensatez se impusiera y quienes nos gobiernan se dignaran a investigar qué contenía el medicamento que pudiera justificar lo que estaba sucediendo, arguyendo que la seguridad del mismo estaba probada en base a los datos que aportaba el propio laboratorio o algunas sociedades relacionadas o dependientes del mismo.
Hubo incluso quienes defendieron ( y todavía lo hacen) la inclusión de esta vacuna en el calendario por considerar que era una medida progresista desde un punto de vista ideológico, cometiendo un gravísimo error al confundir los prejuicios de algunos, con las reivindicaciones legitimas, de quienes sufrieron las nefastas consecuencias que se produjeron al sacar al mercado, de forma precipitada, una vacuna no lo suficientemente testada, únicamente para que la empresa pudiera “recuperar” parte del capital que invirtió en indemnizar a los damnificados por otro de sus productos estrellas: el Viox.
De esta manera, los intereses de algunos y los errores de otros condenaron a la indefensión a las víctimas que han ido aumentando por la negligencia de todos ellos. Desde el pasado mes de noviembre cinco chicas de Caravaca han sido ingresadas tras la administración de esta vacuna, y ni siquiera esto ha hecho saltar las alarmas.
El carpetazo que se dio al caso, so pretexto de no alarmar a la opinión pública, con las conclusiones del denominado “comité de expertos” no fue más que un paripé para exonerar a los facultativos de los gravísimos errores que habían cometido y guardar las espaldas de los responsables de Salud Pública que suelen fiarse de las calificaciones de calidad que se otorgan a los productos sanitarios (habría que investigar cómo) sin cerciorarse de la seguridad de los mismos.
Pero por desgracia, el carpetazo no solo exoneró a los compañeros y salvaguardó a los políticos, sino que privó a las víctimas de la consideración de serlo, al cuestionar el hecho de que estuvieran sanas, a pesar de los informes de sus pediatras a este respecto.
Es un hecho que quienes velan por nuestra salud suelen tropezar varias veces con la misma piedra, dado que los escándalos relacionados con la comercialización de algunos medicamentos y productos sanitarios no les sirven de escarmiento.
Tendremos qué preguntarnos cuál es el motivo de tanta torpeza y exigir que se investigue tanto atropello.
Mientras esto sucede, dado que la Justicia se toma su tiempo, sirvan estas palabras de reconocimiento a todas las víctimas y de ánimo para las familias de Carolina, Lucía, Aurora, Iraida, Henar, Cristina, Ana Patricia, Mª del Carmen, Celia, Carmen Mª, Ana, Leixuri, Nerea, Carmen, Zuriñe, María, Mirusdi, Pilar, Mesderem y otras muchas que permanecen en el anonimato.
Alicia Capilla Lanagrán
Vicepresidenta AAVP (Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma)